Deseos de olvido
Por: Sandra Muñoz, Angelica Riascos, Wilmer Vargas
Ciudad, seis letras que solo me inspiran tristeza
pues por cosas que ya son de naturaleza,
debo vivir así, como una cualquiera.
Entre sus calles desoladas me oculto,
muestro el alma como posesión barata,
me inundo de telarañas, ellas me enredan el alma.
Corro y me detengo
porque la verdad me aplasta.
Mis bellos campos, ahora fotografías de olvido
como esos sueños lejanos...
¿Quién era él para decirme que solo así podía triunfar?
¿Quién era él para mis sueños derrumbar?
Pues él, él era ciudad.
Llenó mis sueños de profundos anhelos
que me susurran historias de almas olvidadas.
Cuando pensé que me cubría la luz de la luna,
me estrellé con las ventanas de su alma
y me obligó a arrastrarme
mostrando la palpitante impureza.
Quisiera volver a esos campos,
donde solía correr libre,
donde los sueños se podían cumplir
y mi deseo era triunfar.
Ahora, el sol que ha perdido su luz
llama a mi puerta, ya he olvidado todo,
todo queda en el pasado,
todo menos el dolor de mi alma,
ese que martiriza mis sueños
donde aún armo fantasías.
Fantasías que me ayudan a seguir,
a sentir emoción,
a no olvidar que sigo viva,
viviría y no regresaría.
Y pienso...
En escapar de las garras de las soledades infinitas,
quiero abrazar la libertad y estrellarme con él,
dejar de pensar y soñar;
y matar a la cucaracha desgraciada que miro en el espejo.
Aun así, se acabó, estoy cansada;
no esperaré...
A que la maldita miseria decida extinguir mi esencia,
quiero hacer un trato y decidir el adiós,
la noche es testigo y fuente de mi dolor.
Él, acompañado de las frías calles;
me lanza a este abismo desolado
en el cual mi dignidad se ve perdida,
como si nunca hubiera formado parte de mí.
El suelo me llama y es normal,
como animal fui echada de sus camas y como él regresaré, porque ya no queda más,
ni una manera de mirar al cielo y pensar en volar.
Mis cadenas me lastiman
al tratar construir una salida concreta,
un sentimiento puro,
una caricia honesta para mi vida obsoleta.
Solo me basta pensar en el día después,
darme cuenta que estas cadenas nunca se romperán
mientras siga sumergida en la miseria de la ciudad;
esa que carcome mi alma, mi vida y mi ser.
Mi identidad se borró de mi memoria, no sé quién soy...no reconozco ni mi propia suciedad.



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