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martes, 7 de junio de 2011

Cali, Más Que Salsa

Cali, más que salsa
Carolina Sandoval, Gustavo Ramírez, Christine Noguera
Cuando un caleño o una caleña sale de la ciudad, seguramente escuchará comentarios como: “Mira ve, ¿Cuándo es que me vas a enseñar a bailar salsa?”, “ahí viene la de Cali, que comience la rumba” o “Pongan salsa que llegó el Caleño”. Frases que hacen evidente que el mundo entero nos identifica por ser buenos bailarines de este ritmo caribeño y que nuestra construcción de ciudad está absolutamente permeada por una gran cantidad de manifestaciones que se tejen alrededor de la salsa. Sin embargo, esta estandarización termina por crear un monopolio de los espacios de entretenimiento, reduciendo la dimensión cultural de la ciudad a la salsa y a la rumba en general, marginando irremediablemente otras expresiones.

Cali es una ciudad que ha crecido a un ritmo vertiginoso en los últimos cincuenta años, tanto geográfica como demográficamente. Su ubicación privilegiada y maravilloso clima, la hacen un lugar propicio para vivir. Actualmente, aquí convergen una gran cantidad de etnias, ritmos, corrientes y estilos de diversas procedencias. Cali, como toda ciudad en crecimiento, tiende a volverse un centro urbano cosmopolita, para utilizar un término usado por los intelectuales: un espacio pluricultural. Pero los esfuerzos gubernamentales no están acorde con dicha realidad; la ciudad sigue sumida en el estigma de la salsa y las políticas actuales no responden a la realidad social de la ciudad.

La Feria de Cali, el Festival mundial de la salsa y el Festival de salsa y verano son los eventos más importantes en el calendario de la ciudad y se realizan sin ningún contratiempo. No obstante, cuando aparecen alternativas diferentes y se necesitan aquellos espaldarazos de la clase dirigente que incentiven el surgimiento de nuevos escenarios de expresión para los caleños, la situación no resulta ser tan ideal. Por ejemplo, este año, el Festival internacional de cine de Cali fue cancelado por aparentes fallas presupuestales, por otro lado, el Festival internacional de ballet contaba solo con doscientos millones, lo que puso en duda su realización, hasta que nuestro maravilloso alcalde Iván Ospina, muy heroicamente, donó otros cien millones, suma paupérrima para un evento que contará con compañías de Chile, Estados Unidos, República Dominicana, China, Venezuela, República Checa, entre otras; comparado por ejemplo con los 500 millones que se invirtieron en bailarines para el que es ahora el evento central de la Feria de Cali, el Salsódromo.

Es evidente que el aspecto económico limita mucho la aparición de nuevas expresiones. Los eventos relacionados con la salsa son más rentables para la ciudad, lo que implica que el turismo esté claramente inclinado en este frente, por esta razón, la ciudad crece significativamente en el sector de la rumba. En las emisoras de radio, los locutores se ufanan constantemente que Cali posee cerca de seis zonas rosas: entre las más sonadas: Menga, Granada, La Sexta, aparte del tradicional Juanchito. En estos medios se escucha constantemente la apertura de una nueva discoteca, pero, ¿por qué no escuchamos con la misma frecuencia la inauguración de una nueva biblioteca?

La responsabilidad no es solo de los dirigentes, todos como caleños debemos apropiarnos de la construcción de nuestra propia identidad como una manera de vernos a nosotros mismos, para que el mundo nos vea de manera diferente. Cali es, sin lugar a dudas, más que salsa, debemos acabar con este estigma que nos estanca en otros frentes. Pensemos en Humberto Jarrín, poeta y cuentista; en Gerardo Caballero, dramaturgo, entre muchos otros más. Interesémonos todos, por conocer de manera más amplia nuestra cultura y no solo lo relacionado con la salsa.